2 dic. 2012

Texto de la intervención de Christopher Ross, enviado especial de ONU para el Sáhara Occidental en el Consejo de Seguridad


"Sr. Presidente, distinguidos miembros del Consejo,
Es para mí un placer reunirme con vosotros, para informaros sobre las últimas novedades en la búsqueda de una solución política y mutuamente aceptable, que prevea la libre determinación del pueblo del Sahara Occidental, desde la aprobación de la última Resolución del Consejo, de 24 de abril de 2012.
Después de un período de reflexión, me embarqué en un viaje largamente esperado, en el Norte de África, desde el 25 de octubre al 11 de noviembre. Y en mi camino de vuelta, llevé a cabo consultas en Madrid y en París, desde el 12 al 15 de noviembre. Mi visita a la región tenía tres objetivos: el primero, evaluar los cinco años de negociación y determinar las razones del estancamiento; segundo, mirar el horizonte del proceso para ver cómo se podría modificar a fin de mejorar las perspectivas de futuro; tercero, medir el impacto de los acontencimientos del Sahel en el asunto del Sahara Occidental. Más allá de estos objetivos, introduje dos innovaciones: la primera, me reuní con líderes políticos y representantes de la sociedad civil, además, de reunirme con los funcionarios y; la segunda, hice mi primera visita al territorio del Sahara Occidental propiamente dicho. Los gobiernos de Marruecos, Argelia, Mauritania y Francia, así como el Frente Polisario y la MINURSO me han ofrecido su plena cooperación y les doy las gracias por ello. Agradecimiento especial, también, se merece el gobierno español, que generosamente me ofreció una aeronave para facilitar mi viaje.
 Sin entrar en una descripción detallada de cada parada, permítanme exponeros mis conclusiones e impresiones generales.
Primero.- En todos los puntos de mi viaje, las respectivas altas autoridades, me han confirmardo su compromiso de trabajar con la ONU para buscar una solución política para el estatuto final del Sahara Occidental, y al mismo tiempo, han reiterado su apego a sus respectivas propuestas. En Marruecos, el rey Mohamed VI, reafirmó la voluntad de su país de continuar trabajando conmigo en el marco de su propuesta de autonomía bajo soberanía marroquí. En Tinduf, el Secretario General del Frente Polisario, Abdelaziz, reiteró la disposición del Polisario para intensificar su compromiso con la expectativa de que la solución incluya un genuino referéndum de autodeterminación. En Argelia, el presidente Buteflika, declaró, de nuevo, que Argelia no es, ni nunca será, una parte del conflicto y que, no obstante, sigue dispuesto a acompañar, a las partes, en la búsqueda de una solución. Dicho esto, Buteflika, añadió que cualquier acuerdo que no incluya un referéndum genuino no es una solución en absoluto. En Mauritania, el Primer Ministro, Laghdaf, reafirmó el deseo de su país de seguir siendo útil en la búsqueda de solución desde su posición de “neutralidad positiva”.
Segundo.- Al mirar hacia atrás, para indagar en las razones del persistente estancamiento, resulta evidente comprobar que la frustración de las partes se había incrementado. Cada una de las partes atribuye la falta de progreso, no sólo a la negativa de la otra parte para negociar sobre la base de su propuesta sino, más específicamente, a la falta de acción decisiva de la Comunidad Internacional, del Consejo de Seguridad, del Secretario General y del Enviado Personal. Las partes no aceptan que la responsabilidad principal, para alcanzar progresos, recaiga sobre las propias partes, aún en el caso de que la Comunidad Internacional esté dispuesta a alentar el proceso y a dar ideas.
He insistido repetidamente en este punto, en todos mis contactos con los partidos políticos y representantes de la sociedad civil, así como con los funcionarios, señalando que, desde el momento en que la ONU aborda este asunto en virtud del Capítulo VI de La Carta y en ausencia de un consenso internacional, nadie puede imponer nada a las partes y que depende de ellas, ante todo, encontrar el camino a seguir en el marco previsto por la mediación de la ONU. Sin embargo, una y otra vez, en cada parada, se me dijo que la ONU debería tomar esta u aquella medida, siempre en el sentido de llevar a una de las partes a aceptar la propuesta presentada por el contrario. En mi papel de mediador, no puedo ser un defensor de una propuesta concreta. Abogo por el proceso de negociación.
Tercero.- En aras de buscar la mejor forma de proceder para alcanzar progresos, los altos funcionarios comparten mi opinión de que es inútil convocar más reuniones entre las partes a corto plazo, en ausencia de un cambio en la ecuación. Después de cuatro rondas de negociaciones oficiales y nueve rondas de conversaciones informales, celebrar otra reunión sólo haría más notorio el estancamiento, debilitando aún más la credibilidad del proceso. Con la perspectiva de preparar futuras reuniones, formales o informales, propuse a las partes llevar a cabo más consultas con los principales actores internacionales, seguida de una diplomacia silenciosa con las partes y los países vecinos. Mis interlocutores han aceptado este enfoque, pero algunos han advertido que las reuniones periódicas siguen siendo importantes en el mantenimiento de contactos y reducen al mínimo el error de cálculo, además de dar evidencias claras de que el proceso continúa.
Cuarto.- Al examinar el impacto de la tensión creciente en el Sahel y el peligro que ello supone para todas las partes, me encontré con que, si bien todos coinciden en que estos factores aconsejan la pronta solución del conflicto del Sahara Occidental, nadie parece dispuesto a tomar el primer paso. En cambio, me encontré con que la reacción común a los acontecimientos del Sahel, ha sido la de reforzar las defensas locales ante la posibilidad de desbordamiento del conflicto del Sahel. Por otra parte, se me confirmó que, en ausencia de un acuerdo, las personas de todas partes de la región, podrían resultar tentados a unirse a uno u otro de los grupos en el norte de Mali. En Marruecos, los medios de comunicación seguían hablando de una conexión entre el Polisario y estos grupos, pero los funcionarios de alto nivel en Rabat y en Nouakchott fueron claros al decir que no existe tal vinculación.
Quinto.- Mi visita al Sahara Occidental, merece una mención especial. Según lo prometido, Marruecos, en tanto que poder administrativo de facto, ha puesto todas las facilidades para la visita. Y voy a hacer visitas adicionales en su debido tiempo. Tuve reuniones con una amplia gama de saharauis, independentistas y pro-autonomía, así como con las autoridades locales. Claramente, tenían ganas de hablar conmigo. De hecho, la lista de aquellos con los que no tuve tiempo de reunirme, supera a la lista de aquellos con los que me reuní. Todos hablaban con una sinceridad evidente, pero no debería sorprende que yo fuera incapaz de determinar de qué lado se inclina la opinión mayoritaria. Todo lo que puedo decir con seguridad, es que hay portavoces evidentes a ambos lados de la división política. Los saharauis partidarios de la autonomía ponían énfasis en el desarrollo de las localidades de El Aaiún y otras bajo administración marroquí, además de otros beneficios que ven en esta administración. Los saharauis independentistas ponían de relieve lo que describen como las tensas relaciones entre la población autóctona saharaui y los habitantes de Marruecos, las violaciones de los derechos humanos que ven en la represión policial y en las condiciones de arresto, detención, juicio y encarcelamiento, la ilegal explotación de los recursos naturales y la falta de puestos de trabajo. Y, efectivamente, habían tenido lugar manifestaciones pro independentistas, con sus consiguientes respuestas por parte de la policía, muy cerca del lugar donde me encontraba y, también, después de mi visita. En este sentido me llamó la atención el dato de que no hubiera saharauis oriundos del lugar, dentro de los efectivos de las fuerzas de seguridad de El Aaiún y otras partes del Sahara Occidental, sino que procedían de Marruecos. Durante mi segunda visita a Marruecos, utilicé mis encuentros con los funcionarios marroquíes para abogar por un cambio en el equilibrio de esas fuerzas de seguridad entre saharauis y marroquíes y por mejorar la formación de esas fuerzas en el manejo de las manifestaciones.
Sexto.- Durante mi visita a los Campamentos de refugiados, tuve la oportunidad de reunirme con la organización de mujeres perteneciente al Polisario, con los estudiantes y con organizaciones juveniles. Los asistentes destacaron la misma frustración que habían destacado los dirigentes del Polisario en el pasado. Algunos de los asistentes argumentaron que después de 25 años de infructuosos esfuerzos de la ONU, había llegado el momento de volver a la lucha armada. Otros sugirieron que, al no haber podido alcanzar acuerdo alguno, la ONU, simplemente debe renunciar y retirarse. Mientras tanto, en Nouakchott, me reuní con algunos críticos del Polisario, que habían abandonado la Organización y estaban ansiosos por compartir sus quejas conmigo.
Séptimo.- Me produce consternación la forma en que ambas partes pretenden utilizar mi visita para sumar puntos. Mis declaraciones públicas, a menudo han sido censuradas o exageradas para servir a la agenda de una y otra de las partes. En Rabat, la TV, ha editado mis observaciones quitando la cita del texto del Consejo donde dice: “una solución política, mutuamente aceptable que prevea la libre determinación del pueblo del Sahara Occidental”. En Tifariti, donde visité un equipo de la MINURSO, en el lado Este de la berma, un Jefe militar del Polisario, apareció inesperadamente, tratando de recibirme haciendo pasar revista a una guardia en mi honor. En los Campamentos de Refugiados, mis declaraciones ante un grupo de mujeres, han sido retocadas para añadir una frase, a mi cita, sobre el papel de la mujer: “La lucha por la liberación del Sahara Occidental”. Yo no he hecho tal declaración.
Octavo.- Como quiera que en breve, el Representante Especial del Secretario General, Weisbrod-Weber, os informará sobre las operaciones de la MINURSO, tengo que aplaudir el alto grado de profesionalidad y compromiso que observé durante mi visita a la sede de la MINURSO y en las bases de operaciones en Mahbes y Tifariti y en mi reunión con el Equipo de Acción contra las Minas de la ONU. Tanto la MINURSO como la UNMAS necesitan más recursos para poder desempeñar sus funciones con más detalle. Las unidades de la MINURSO patrullan un territorio más grande que el del Reino Unido, mientras que la UNMAS está trabajando en lo que recientemente ha sido considerado como uno de los lugares más infestado de minas en el mundo.
Más allá de esto quiero resaltar el respeto dispensado al Representante Especial, tanto en la MINURSO como por los marroquíes y los saharauis. La suya no es una tarea fácil. Además de supervisar la MINURSO, es el Representante Especial del Secretario General para el Sahara Occidental. Como tal, se espera que proporcione, al Secretario General y al Consejo, una información independiente sobre el ambiente de trabajo de la MINURSO en el Sahara Occidental. Este territorio, sigue siendo un territorio no autónomo, por lo que corresponde a la ONU velar por el bienestar de su población, de acuerdo al artículo 73 de La Carta, además de reconocer que Marruecos es la potencia administradora de facto, en la franja situada al oeste de la berma y, que el Polisario, juega un papel similar en la franja situada al este de dicha berma. Precisamente, por esta razón, invité al Representante Especial para que asistiera a todas mis reuniones en el Sahara Occidental.
Noveno.- En cuanto al programa de asistencia humanitaria del ACNUR, he escuchado las preocupaciones debidas a que las contribuciones gubernamentales y privadas, a los refugiados, han disminuido considerablemente por la crisis económica en curso. Y me han recordado la urgente necesidad de más ayudas. En cuanto al censo individual de los refugiados, que se planteó nuevamente en Rabat, el Polisario y las autoridades argelinas me han dicho que el ACNUR está satisfecho con las estimaciones, sobre el número de refugiados, que le han facilitado y que quienes abogan por el censo individual están motivados por consideraciones políticas. En una reunión con donantes en Argel, no encontré ningún interés por seguir dando atención a ese asunto.
Décimo.- En cuanto a las medidas de fomento de la confianza, ha habido una alabanza universal por el soberbio trabajo del ACNUR al ampliar las visitas familiares y la organización de seminarios intra-saharauis, la segunda de la cuales, centrada en el papel de la mujer en la sociedad saharaui, había tenido lugar en las Islas Azores, con generosa ayuda del gobierno de Portugal, en julio de este año. Poco después, tuvo lugar, en Ginebra, un encuentro sobre el fomento de las medidas de confianza, en el que las partes, los Estados vecinos y el ACNUR hicieron comentarios sobre su implementación, en un ambiente muy cordial. Y el único consejo que puedo dar, si se me pregunta, es el de pensar creativamente acerca de la posibilidad de expandir las medidas de fomento de la confianza, en particular más seminarios, más visitas familiares en ocasiones especiales, y los intercambios juveniles. Saharauis de todas las tendencias políticas, tanto en el Sahara Occidental como en los Campamentos, me decían una y otra vez que estaban ansiosos por tener más contactos a través de la berma. Y se deben encontrar fórmulas para alentar esto, porque el transcurso del tiempo tiene el potencial de cambiar la percepción de las cosas, incluso, en ausencia de progresos en el proceso de las negociaciones. Un obstáculo para ello es la falta de financiación y, una vez más, instamos a los donantes del pasado y a los donantes potenciales para que contribuyan, al ACNUR, para hacer que tales actividades sean posibles.
Undécimo.- En cuanto a la cuestión de los Derechos Humanos, cada parte ha utilizado mi visita para registrar quejas sobre las prácticas de la otra parte. Ha habido muchas visitas relacionadas con los DD.HH en el último año, incluyendo dos Relatores Especiales que visitaron el Sahara Occidental, pero no los Campamentos de Refugiados y por lo menos una organización no gubernamental. Además, la sucursal del Consejo Nacional Marroquí de los DD.HH, de El Aaiún, me ha dicho que ha recibido un gran número de quejas y ha llevado a cabo numerosas investigaciones, pero que sigue esperando respuestas de las autoridades administrativas. Los DD.HH no son parte de mi mandato, pero mi consejo, si se me solicita, es el de declarar que le corresponde a este Consejo y al ACNUDH decidir si la información disponible justificaría su atención y, en tal caso, la mejor manera de hacerlo, teniendo en cuenta que cualquier aproximación a esta cuestión debe velar por los derechos humanos, no sólo en el Sahara Occidental sino, también, en los Campamentos de Refugiados.
Por último quisiera decir unas palabras sobre el mandato informal que se me ha conferido para promover la normalización de relaciones entre Argelia y Marrueos. En Rabat, el rey Mohamed VI, me ha autorizado para llevar un mensaje al Presidente Buteflika, que, a su vez, me ha autorizado a llevar, de vuelta, un mensaje de respuesta. Ambos mensajes, confirman el deseo de los dos Jefes de Estado para continuar el proceso de mejora de relaciones mediante la ampliación de las visitas ministeriales bilaterales que habíán sido, previamente, acordadas. Además, ambas partes han identificado los temas prioritarios que deben abordarse en una fase termprana. Y voy a seguir promoviendo la participación en estas cuestiones.
Con respecto a la cuestión de la Unión del Magreb Árabe y el llamamiento hecho por Túnez para una pronta cumbre, exploré el avance de la integración regional con Ben Yahia, Secretario General de la UMA y con los tres Estados miembros que he visitado. En principio, todos están de acuerdo en que se celebre la cumbre, pero Argelia advierte que, para asegurar el éxito, hay que estar bien preparados, a través de una serie de reuniones sectoriales que están en marcha pero que aún no han concluido. En opinión de Argelia, celebrar una cumbre sin una adecuada preparación, seguramente, conduce al fracaso de la misma.
Éstas son , pues, las principales conclusiones e impresiones que he recogido en mi última gira por la región y mi primera visita al Sahara Occidental, teniendo en perspectiva un período de consultas con los principales actores internacionales, una diplomacia silenciosa con las partes y con los Estados vecinos y nuevas visitas a la región, incluyendo el Sahara Occidental para preparar la reanudación de las reuniones directas entre las partes.
Como dije en Madrid, el conflicto sobre el estatuto definitivo del Sahara Occidental se ha prolongado durante demasiado tiempo. Si hay algunos que creen que la situación es estable y que intentar buscar la paz es arriesgado, creo que esto es un grave error de cálculo ya que la región está amenazada por extremistas, terroristas y elementos criminales que operan en el Sahel. En estas nuevas circunstancias, este conflicto podría, si sigue sin resolverse, generar una chispa de una renovada violencia y unas hostilidades que serían trágicas para los pueblos de la región. Debe ser resuelto y pido a los miembros del Consejo y de la Comunidad Internacional, en general, a que alienten, a las partes, a entablar negociaciones serias para ponerle fin al conflicto.
Gracias"
 
 (**). Traducción no autorizada. Por Haddamin Moulud Said. Texto original en inglés.
 
Publicado en "La Tribuna del Sahara" 28 nov. 2012

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