5 oct. 2013

5 de octubre Día Mundial del Maestro. Homenaje a una generación de profesores saharauis en los Campamentos de Refugiados Saharauis


Gracias maestros.
Hoy 5 de octubre es el Día Mundial del Maestro. Felicidades para todos aquellos que lo son y también para los que un día lo fueron.
Yo, aquí, quisiera hacer mi particular homenaje a un grupo de profesores del "Colegio 9 de Junio" en los Campamentos de Refugiados Saharauis durante la década de los ochenta.
Me siento de una generación de saharauis muy afortunados, sobre todo porque nos tocaron los mejores maestros que ha conocido la revolución saharaui. Hoy recuerdo con todo el cariño y gratitud a mis maestros de primaria, que sin duda alguna y por más extraño que suene, han sido las personas más decisivas de mi vida.
El "Colegio Nacional 9 de Junio" donde cursé la primaria conjuntamente con el "12 de Octubre" han marcado y a buen seguro cambiaron la vida de miles de saharauis. Eran colegios de primaria donde el frente Polisario había depositado toda las esperanzas del porvenir. Sus maestros eran una élite selecta de entre lo mejor de los hijos del Frente. Jóvenes brillantes, entusiastas y muy concienciados de la tarea que tenían entre manos: preparar a las jóvenes generaciones para la construcción de un Estado independiente y democrático en el Sáhara Occidental. Su compromiso con la labor docente y su entrega igualaban al de los guerrilleros en el frente de batalla. Al fin y al cabo estaban enseñando a los hijos de aquellos que literalmente estaban dando sus vidas para expulsar al enemigo de nuestra querida tierra. 

 
Los maestros eran nuestros padres y madres. Su palabra “iba a misa” y sus decisiones también. Los maestros enseñaban con amor y mucha fe en la importancia de su labor. No esperaban ni pedía nada a cambio. Pero también eran muy valorados. Eran la joya de la retaguardia.
Recuerdo como si fuera ayer a todos mis maestros. Puede parecer extraño, sobre todo en aquellos años, pero puedo decir con orgullo que mis maestros jamás me hicieron daño, no recuerdo una sola paliza de parte de ninguno.
Cada uno a su manera me transmitió lo mejor de sus conocimientos y sabiduría, y por eso, y aunque no sé si alguno llegará a leer este texto quiero hoy felicitarles y sobre todo darles las gracias de todo corazón.
Gracias Sidati Galaui, mi primer maestro, alto, delgado, culto, sabio y muy cariñoso y atento con los niños. Me inculcó sobre todo el amor por la lectura, la memorización y los recitales en voz alta. Era maravilloso.
Gracias a Siyda Sidi, fue la única mujer saharaui que me había dado clases. Moderna, pero amante de los proverbios tradicionales y del teatro. Comprendía la psicología infantil como nadie, y no necesitaba “pegar” para hacerse respetar. Amable, cariñosa y atenta a cada detalle. Impuso la asignatura de “la higiene personal” Nos daba la nota todos los días y un premio al más limpio que consistía en un derroche de dulces palabras y halagos. Apremiaba continuamente a los talentosos y ayudaba con refuerzos a los menos aventajados. Con ella era imposible notar la ausencia de una madre.
Gracias a Mohamed Fadel Sidzein, era nuestro maestro de árabe de tercero, pero se adelantó y fue él quien me enseñó a escribir mi nombre en español, un multifacético. Nos quería a todos y nos protegía como si fuéramos sus hijos.
Un recuerdo muy especial, que rescata mi memoria ahora, es el de la fogatas matinales. Durante los inviernos gélidos de la hamada, muchos niños padecían una especie del fenómeno de Raynauld. Era una especie de alergia al frío, que en algunos casos se manifestaba con lesiones tan acentuadas en las manos y los pies que impedían andar ni coger un lápiz. Aquel maestro sabio se dió cuenta que calentando las manos aquellos síntomas tan incapacitantes mejoraban notablemente. No lo dudó dos veces y con el contenido de la papelera nos hacía una fogata dentro de la clase cada mañana antes de empezar las lecciones. Aquello fue la salvación para muchos, a parte de un placer esperado y ansiado cada día, éramos la envidia de las otras clases. Gracias maestro.
Gracias a Abdala Mulay, tenía una discapacidad en una extremidad inferior, pero puedo decir que sus enseñanzas como maestro de español han sido la clave que verdaderamente ha marcado el resto de mi vida. Él animó mi curiosidad por el español y me introdujo en el mundo de la creatividad, puesto que dirigía aquel gran mural que se editaba semanalmente en el colegio. Yo le ayudaba con los contenidos. Una maravilla en aquellos años. Me detenía horas para leer y disfrutar de cada detalle.
Gracias a Gauz Mamuni, impartía todas las materias en árabe. Nadie sabía de matemáticas como él. Nadie explicaba mejor que aquel maestro. Nadie se enfadaba como él, y nadie se alegraba y complacía a los que sacaban buenas notas como él.
Gracias a Emhaimad, Dadah Babana, Fadili Abdhum y Abdrahman Ali. No eran maestros, eran verdaderos profesores de la lengua árabe sobre todo. Tenían una capacidad inusual de transmitir sus conocimiento. Eran, además, francófonos y hasta uno de ellos hablaba persa. Emhaimad era una máquina fotográfica para el dibujo. De Dadah y Fadili, destacaría la elegancia que los caracterizaba no sólo en el vestir a pesar de las circunstancias (los maestros también vestían uniforme verde olivo todo el curso), sino también en la forma de impartir las clases. Tengo la suerte de haberme encontrado con los dos recientemente. Con uno en facebook y con el otro por teléfono. Pude decirles gracias. Gracias nuevamente.
Gracias a Abidin Bucharya mi otro maestro de español. Ese hombre que destacaba por ser tan buena persona. Calmado. Hablaba tanto español que casi no le salía el árabe. Gracias. Todavía le llamo maestro cada vez que le veo.
Gracias a Abderrahman Ali, el señor de la palabra, de la poesía y de la caligrafía impecable. Se decían muchas cosas de él dentro y fuera del colegio. A los que éramos alumnos suyos nos llenaban de orgullo aquellos comentarios. Como aquel que decía que era el que escribía las pancartas de los festejos nacionales y hasta oí decir que escribía los discursos del Presidente de la RASD…. Recuerdo los juegos literarios que teníamos mientras la clase esperaba frente al comedor. Competíamos memorizando y recitando poesía árabe clásica. Era fascinante. También tenía casi una obsesión porque escribiéramos igual que él. Aunque suene pretencioso, tengo el honor de poder decir: que me ha legado una caligrafía de arte y un infinito amor por la poesía.
Fuimos unos privilegiados. Recibimos la mejor enseñanza de manos de una generación de personas abnegadas, sin límites para el sacrificio, y con sólidas convicciones en el proyecto nacional que nos unía. Nos enseñaban sin distinción. Todos eramos importantes e imprescindibles. Todos teníamos que ser “alguien en el futuro”.
Fue una generación que dio lo mejor de sus vidas y dejó una profunda e imborrable huella en cada uno de nosotros. No hay palabras para agradecer su esfuerzo, ni gesto para corresponder.
Gracias Maestros, por la oportunidad, por la confianza, por vuestra entrega y por todo lo que nos enseñasteis. Y sabed que en alguna medida aquellos sueños se han hecho realidades.

Lehdía Mohamed Dafa
5 octubre 2013

3 comentarios:

  1. Mint Sahara5/10/13 10:45

    Ufff, que maravilla de chica dios mío, SAHRAUI TENÍAS QUE SER MI NIÑA !! Decirte que a parte de que escribes y te expresas de maravilla, con tu escritura me has hecho volver a aquellos tiempos tan maravillosos de mi infancia, que tiempos eran esos...
    Una vez más te tengo que felicitar por tus tantos talentos y agradecerles que los compartas con nosotros. Mujeres como tú se o mejor dicho, necesitamos en estos tiempos para poder seguir luchando por nuestra independencia. MUCHAS GRACIAS.
    Pd: quiero aprovechar tu escrito ya que va enlazado con la enseñanza y aprovechar a expresar mi absoluto rechazo a la elección de jóvenes que se está haciendo a la hora de mandar a nuestros jóvenes a estudiar a estudiar Cuna en estos últimos años. Este último método que están utilizando me parece super injusto ya que a los que están mandando son a los que " menos" lo necesitan que son los hijos de nuestros queridisimos POLÍTICOS, mientras que la mayoría de ellos han estado viviendo aquí en España y si generalidad tienen ganas de estudiar lo pueden hacer aquí y esa oportunidad se le da a esos tantos jóvenes que se encuentrán en los campamentos, a esos hijos de los tantos hombres que se han dejado su vida por nuestra PATRIA o a esos tantos hijos de familia tan necesitadas y que no tienen ninguna posibilidad de mandar a sus hijos a estudiar.
    Llevo tiempo mordiendome la lengua pero ya que veo que todos los años pasa lo mismo pues ya no me voy a callar. Estamos en una situación muy crítica, estamos estancado con el mismo lema de siempre y sin ver ninguna luz al problema teniendo tantos profesionales que no les dejan desempeñar su trabajo y su sabiduría. No cerremos los ojos a la pura realidad por la que estamos pasando y no sigamos cometiendo el mismos error. Luchamos todos unidos y a la misma dirección porque si no es así malagueños la luz y avámonos. Somos un pueblo muy afortunado ya que disponemos de tanta gente profesional, muy inteligentes y con muchísimas ganas de derrotar a nuestro enemigo, entonces dejemos que lo hagan y no sigamos en el mismo infierno. SAHARA VENCERÀ,NCHALAH .

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  2. Anónimo8/10/13 9:09

    De bien nacidos es el ser agradecidos. En este caso hacia los siempre vituperados maestros.
    Y de bien nacidos es devolver a la comunidad lo que ésta te ofreció que es la posibilidad de estudiar Medicina en Cuba. la verdad es que muchos, cuando viajamos a los Campamentos, nos extraña la falta de profesionales de la Medicina en dairas y hospitales de las wilayas. Casi todos los que fueron becados "justamente" están fuera y el derecho a la salud de los refugiados pasa por la benevolencia de cooperantes de todo el mundo o de una orden de evacuación. Nadie tiene derecho a negar a nadie la posibilidad de labrarse un futuro siempre y cuando "devuelva" a la comunidad lo que recibió: la posibilidad de una formación.
    Así que no entiendo demasiado las críticas de la hija del Sahara.
    Un miembro del movimiento solidario.

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